lunes, 9 de mayo de 2011

Después es de una comunión, bautizo, o cualquier otro evento, hay que contrarrestar lo excesos.

Mayo es un mes tradicional de festejos en los cuales se come más de lo habitual, se beben algunas burbujas y se sucumbe a las chucherías durante todo el día. Por ello, elegir un menú saludable para la semana posterior resulta una buena idea. Bodas, bautizos y comuniones llegan con la primavera y convierten el mes de mayo en una sucesión de días especiales con comidas especiales y, en el caso de los más pequeños, menús excesivos, bebidas gaseosas azucaradas y muchas chucherías. Demasiadas. Son ingestas poco saludables, pero son días de fiesta e igual que los alimentos son los responsables de las casi inevitables indigestiones, la dieta puede ser la aliada para compensar los excesos del fin de semana a lo largo de la semana siguiente. Los días posteriores a la celebración, hay que aligerar las recetas cotidianas, no por una cuestión de peso, sino para lograr la limpieza de azúcares, mejorar las digestiones y esquivar el estreñimiento infantil.

Ser consciente de los excesos:
Fritos, pizza o hamburgersa, filetes empanados con patatas fritas y refrescos de burbujas, tartas, helados y chucherías. Es cierto que la comunión es un día especial, pero hay que ser consciente de que el exceso es insano. Solo si se tiene en cuenta esto se querrá compensar. Desde la óptica nutricional, el menú es un "pelotazo" de energía. Se suceden alimentos de elevado índice glucémico, que se procesan rápido y se convierten en azúcar, sin llegar a saciar.
A las pocas horas, el niño tendrá hambre de nuevo, y sitio para más chucherías, más helados y más refrescos. Esto significa que, si bien una bolsa de golosinas representa la mitad de los azúcares necesarios para todo un día, si se permite un atracón, en una sola jornada se habrán superado por mucho las calorías que el niño precisa en todo el día. No es lo más aconsejable, pero si es algo extraordinario, no hay que intervenir en cambios de hábitos, aunque sí conviene recordarlo en el menú de los siguientes días.
Aligerar los menús
Si bien siempre hay que seguir las indicaciones de un menú saludable, para compensar los excesos del fin de semana de fiesta, hay que potenciar algunas actitudes y actuar también desde la cocina, al aligerar los platos cotidianos. Antes de empezar, hay que tener claro que no conviene saltarse ninguna comida. Como siempre, se debe procurar completar las cinco comidas al día y comenzar con un buen desayuno, que cambie los bollos y las magdalenas por el pan tostado con aceite y jamón, el muesli con frutos secos y pasas o el sándwich de jamón, queso fresco o atún. Si siempre se debe intentar introducir una pieza de fruta junto con la leche matutina, durante esta semana hay que tener éxito. No es mala idea elegir para los almuerzos plátanos, fresas, melocotones o cerezas, las frutas que estén de temporada.
En las comidas y las cenas, deberán evitarse los fritos, rebozados y empanados, y no habrá noche de pizza ni de hamburguesa. Es preferible optar por los platos de pescado, tortilla o recetas con pollo o pavo. Las meriendas, mejor sin chocolate ni cremas de cacao, ni bollería. Los frutos secos, las frutas frescas, las tortas de arroz o de maíz y los panes de pasas o de frutos secos y las palomitas de maíz elaboradas en casa son perfectos para comer a media tarde, más estos días, que el propósito último es reducir la ingesta de azúcares para compensar los excesos.

Durante esta semana, se recomienda buscar la glucosa a través de los hidratos de carbono complejos, aprovechar la pasta y el arroz y no olvidar las legumbres como plato principal o como guarnición de un plato de carne o pescado. Éste es un hábito saludable que conviene aprender y mantener en el tiempo. También se pueden combinar estos alimentos con el huevo. El sabor de la pasta se complementa muy bien con el del atún, las sardinas o las gambas, mientras que el arroz puede ser protagonista de una sabrosa paella de arroz con verduras o legumbres.

LA NOCHE DE LA INDIGESTIÓN
Cuando se empachan, los niños tienen una gran ventaja respecto a las personas adultas: no sienten acidez ni ardor. Su incomodidad y malestar se reduce a dolor de barriga, tal vez algún capítulo de vómito y desgana. Los síntomas se detectan al finalizar la fiesta, justo después de consumir varios helados de chocolate u otros dulces, el niño puede comenzar a palidecer y quejarse.
Entonces es tiempo de intervenir. Por supuesto, esa noche conviene que el niño no cene. Pero además, para que recupere el bienestar, ayudará colocar una bolsa de agua caliente en el estómago y beber sorbitos de una infusión de manzanilla, hierba luisa o hierbabuena. Si se tienen náuseas, la bebida caliente puede cambiarse por un refresco de cola sin cafeína y sin burbujas, que se quitan al dar vueltas al líquido con una cuchara.